Autobiografía
La vida puede convertirse en una escuela de aprendizaje, en un paseo por el campo, en una feria ambulante o en un campo de batalla. Puede, incluso, ser cada una de estas cosas y todas ellas a la vez.
Al nacer olvidamos el propósito de estar aquí, nos desprendimos de la Matriz Universal para unirnos a la Matriz de la Tierra, encarnando en este mundo con un propósito que recordaremos si tomamos el camino que nos lleva a nuestro interior, siguiendo nuestro más profundo anhelo, ese del que solo sabemos cada uno de nosotros y que es individual, personal e intransferible. Así que no nos empeñemos en que los demás nos comprendan, que nuestro entorno comparta, porque en muchas ocasiones, la mayoría, no podrán hacerlo. A ellos les mueve otro deseo, diferente, también personal e intransferible como el nuestro.
Dedicamos mucho tiempo a querer ser comprendidos y lo que realmente sucede en este proceso es que necesitamos comprendernos a nosotros mismos, o más bien aceptarnos. Aceptar nuestra diferencia, aceptar que los que nos acompañan no comprendan, porque no tienen por qué hacerlo. Es nuestra tarea. Una tarea que puede durar muchos años, incluso toda una vida. Y al final de ella, a punto de desprenderte de la Matriz de la Tierra, puedes preguntarte, nuevamente, para qué viniste, y entonces comprendes que aquello que fue tu anhelo incumplido fue tu propósito.
Son muchos los testimonios que nos hablan que al final de nuestros días, al revisar nuestra historia, no nos arrepentimos tanto de lo que hicimos como de lo que dejamos de hacer en nuestra vida, y lo que emana de nosotros en ese momento, además de las alegrías, son las penas de no haber realizado aquello que nos movía por dentro, de haber desviado la mirada de nuestros sueños en pos de ser aceptados por el entorno.
Si lees esto y algo se remueve en tus adentros, solo puedo decirte que aún estás a tiempo. Seguramente, ya peleaste suficientes batallas, unas perdidas, otras ganadas; tus emociones te llevaron a subir, una y otra vez, en la montaña rusa de la vida; aprobaste lecciones imposibles y suspendiste lo más fácil, y ahora que paseas por el campo, y sabes que la tierra te sostiene y el cielo te protege, imagina que estás en el último minuto de tu vida y sé honesto. Siente de qué te arrepientes. Si es algo que dejaste de hacer, estás de suerte. Aun tienes tiempo de reescribir tu obra, de la que eres autor y protagonista, con el lenguaje que elijas, sin estructura medida, como decidas, es tu autobiografía.