El propósito del alma

por | Feb 4, 2019 | Sin categoría

El propósito del alma

 

Registros Akáshicos es uno de los nombres que, actualmente, se da a la fuente de información de nuestra alma. Una información que llega a la persona para ayudarla de forma humanamente espiritual a dirigirse o a continuar con su propósito de vida. Un propósito de vida que viene regido desde más allá de nuestra existencia, desde antes de nuestra concepción.

 

Y somos concebidos en una familia determinada, sin entrar en la razón de por qué en esa determinada familia, pero lo cierto es que a partir de ese momento, formamos parte de un sistema familiar concreto del que tomamos la vida, con todas las posibilidades, talentos y dificultades. Nacemos con una serie de vinculaciones y lealtades inconscientes a los miembros de nuestro clan que, en muchas ocasiones, no favorece que podamos desarrollar de forma cierta nuestro propósito o guion de vida, o tal vez, también esto forme parte de ese propósito de vida más elevado.

El trabajo de Constelaciones Familiares es una poderosa herramienta de enfoque sistémico que ayuda a desenredar estas vinculaciones inconscientes, y favorece el proceso de individuación de la persona, proceso que guía el desarrollo humano.

En Registros Akáshicos necesitamos de un lector o traductor de la información contenida en el Libro de nuestra alma, mientras no seamos capaces, y todos lo somos de forma natural o mediante aprendizaje, de descifrar este lenguaje. También en Constelaciones Familiares es preciso la asistencia de un facilitador o facilitadora que descifre, contenga y lea la información que proviene del campo mórfico, o campo de información del sistema familiar con el que se trabaja, profesional que acompaña el movimiento sanador del mismo. Cuando el enfoque sistémico o trabajo de Constelaciones Familiares se une al trabajo con el campo akáshico, se amplían enormemente las posibilidades de comprensión, aceptación y desbloqueo de aquellas dificultades que impiden el proceso de individuación y, por tanto, el proceso de desarrollo del individuo. Tanto un método como el otro y, por supuesto, juntos, apoyan y asisten los procesos del alma.

Y como alma, tú has transitado un largo camino, todas las almas lo han hecho, con un propósito: evolucionar. El alma se debe a su propósito, y su propósito está al servicio de un propósito mayor, el de la evolución de la humanidad. Entendiendo por humanidad la cualidad de lo equivalente o perteneciente a la tierra y no solo en lo referente a los seres humanos, sino a todos los seres que los rodean, seres, todos ellos, sintientes, cada uno con su propia misión, una misión que apoya el bien común. Pero no les rodean por ser ellos, los humanos, los protagonistas, les rodean porque son estas almas las elegidas para tomar la acción, mediante la consciencia, de abrir las puertas a la ley que todo lo rige, la ley del Amor.

Cuando parece que estamos inmersos en un mundo caótico y destructivo, donde el ser humano parece desprovisto de toda humanidad, solo hay un camino. Un camino que es personal: evolucionar, porque solo desde la evolución personal como ser humano podemos evolucionar como sociedad.

Es fácil pararse a criticar y a señalar a aquellos que ejercen el poder sin libertad y sin compasión hacia sus congéneres. Es fácil porque la acusación hacia otros nos hace poner el foco fuera de nosotros. Y, por supuesto, hay circunstancias que requieren de la unión común para iluminar la gran pantalla que nos muestra la barbarie a la que muchos seres están siendo sometido, pero no olvidemos que todos formamos parte de esa barbarie, cada uno en la medida que le atañe:

Cada pensamiento tiene una consecuencia, cada palabra una consecuencia mayor y, cada acto, una responsabilidad sobre la consecuencia producida.

Si bien, acompañarnos en un grupo, por fortuna cada vez más numeroso, pone de relieve los hechos bárbaros a los que son sometidos otros seres, no solo los humanos, sino todos los seres sintientes, y hace de la unión la fuerza, no nos quedemos solo refugiados en lo asociativo, porque la fuerza del grupo se nutre de la fortaleza que cada individuo suma al colectivo. Y una vez fuera del mismo y nutridos por la energía del grupo, ¿qué haces como individuo con ese aliento? ¿Cómo canalizas los impulsos que te mueven en una dirección determinada? ¿Te quedas solo en la protesta, necesaria, dentro del colectivo, o llevas esa fuerza a tu obrar cotidiano? ¿Actúas cada día con la misma justicia que pides a los demás? ¿Tienes en cuenta la libertad de quienes te rodean, de la misma forma que la pides a los dictadores que gobiernan? ¿Piensas en el beneficio ajeno tanto como en el propio? ¿Hablas con la misma verdad que pides a los demás?

Querido congénere humano, no estás solo en ese mundo denigrante y despiadado, estoy contigo allí donde te diriges, a un mundo soñado de paz. Pero la paz, solo es posible desde tu propia responsabilidad en el trocito de mundo que manejas, en el pedacito de suelo que pisas y compartes con tus amigos y compañeros.

Cuando llega la paz a tu vida es porque hay paz en tu pensamiento, en tu palabra y en tu actuar, y la paz solo tiene un camino: tu foco, intención y acción.

Y aquello que llevas contigo es lo que puedes dar al mundo, incluido ese mundo al que parece que no tienes acceso, incluida la vida de esas personas sobre la que parece que no puedes hacer nada. La fuerza del pensamiento y de la consciencia viaja a la velocidad de la luz, no le pongas cadenas en tu interior.

Atrévete a evolucionar como ser humano y habrás cumplido el propósito de tu alma.

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