En los artículos publicados anteriormente, he hecho hincapié en mostrar que la persona no es sólo un individuo, sino que pertenece a un conjunto familiar y a un grupo social determinado, de los que recoge, repite y experimenta patrones de conducta y de comportamiento, dependiendo del medio en el que se desarrolla; de la herencia tanto física como emocional de su sistema familiar, y del entorno social y colectivo donde vive.
En mi experiencia como facilitadora de Constelaciones Familiares, término que aún a muchas personas les suena extraño, o no saben exactamente a qué hace referencia, decir que se refiere a la terapia sistémica familiar desde el enfoque de Bert Hellinger, psicoterapeuta y filósofo alemán, como herramienta de crecimiento personal, que implica lo transgeneracional como elemento principal de desarrollo. Desde esta experiencia, mi visión personal se expande hasta comprensiones muy profundas del comportamiento humano en lo individual y en lo colectivo.
Lo transgeneracional está a la orden del día y son muchas las disciplinas en varios ámbitos que, desde hace tiempo, parecen mirar hacia este lado y contemplar de forma más amplia al individuo y sus circunstancias. Lo que anteriormente era visto por algunas tendencias como sospechoso, dudoso y raro, hoy lo incluyen, al tiempo que el cambio de paradigma en la ciencia también se impone.
Lo cierto es que los nuevos y los no tan nuevos descubrimientos en la materia, sólo están dispuestos a sumar, a unir, y la investigación, propia de la naturaleza humana, está al servicio del avance y evolución de la humanidad.
Y como de incluir se trata, aún con el desconocimiento propio de quienes no somos especialistas en la materia, pero si apasionados del aprendizaje continuo, sumo a las reflexiones anteriores la parte de la ciencia que me tiene subyugada en los últimos tiempos: la Epigenética.
La Epigenética se refiere a los cambios heredables en el ADN. Los nuevos descubrimientos han confirmado que nuestros genes no permanecen inalterables, sino que conservan la memoria de donde proceden.
Factores emocionales o cambios medioambientales tienen incidencia en las sustancias químicas que hacen que ciertos genes estén apagados o encendidos. Es decir, que pueden afectar a la forma de actuar de los genes, como si la memoria de algunos hechos fuera pasando de una generación a otra.
Hasta hace poco tiempo, científicamente hablando, esto era inimaginable, sin embargo los estudios nos muestran que la Epigenética tiene la capacidad de vincular nuestro pasado, presente y futuro, mostrándonos que nuestros genes pueden ser activados y desactivados, lo que supone, una revolución en la biología y en la medicina.
En palabras del Dr. Fabio Celnikier: “Estamos al borde de una gran revolución de paradigmas, como lo señalara Thomas S. Kuhn en su momento, con todos los prejuicios y miedos a lo nuevo y desconocido que tal situación genera. Con un sentido humano profundo y trascendente, ponemos pie en una nueva revolución paradigmática. Es un cambio sin precedentes respecto a los modos de entender la salud y la enfermedad, las lesiones traumáticas, el embarazo, el desarrollo prenatal y posnatal, y el envejecimiento”.
“La idea de que ya no somos más víctimas de nuestros genes, sino que tenemos una responsabilidad para con ellos y para con los miembros de nuestras generaciones futuras es un cambio importante en nuestra visión de la persona”.
“En este camino emprendido, que implica al cambio de paradigmas mencionado, podremos entender la trascendencia transgeneracional. El legado de nuestros genes desde nuestros bisabuelos hasta nosotros y desde nosotros hacia nuestros nietos y hasta bisnietos, como nunca lo habíamos registrado con nuestras humanas mentes”. (Fuente: www.epigenetica.org)
Apasionante. Y sólo estamos en los inicios de esta revolución científica