Mis hijos y yo venimos juntos, en el mismo paquete

¿Podemos imaginar vivir con bienestar en una casa desorganizada, donde cada cosa está fuera de lugar? ¿Cómo se vive en un hogar donde tenemos que ir a buscar la ropa al frigorífico o la leche al armario ropero? El secador de pelo… ¿Dónde está?… La última vez lo vi en el garaje… responde alguien a lo lejos.

 

La imagen que nos viene a la mente, desde luego no es de orden y armonía, más bien al contrario, posiblemente sea una imagen de caos y desconcierto.

Pues, esto es lo que ocurre en una familia cuando no es respetado el lugar de cada uno de sus miembros, según el orden de llegada a la misma.

En otros artículos he hablado de este orden: la pareja llega en primer lugar, antes que los hijos, y los hijos, siempre, después que los padres… pero, ¿y cuando hablamos de una segunda, tercera o cuarta pareja? ¿Quién está en primer lugar? Sencillo: ¿quién llegó primero? Si nuestra pareja actual viene de una relación anterior en la que tuvo hijos, sin duda ninguna, sus hijos están antes que nosotros, de hecho vienen juntos, en el mismo paquete. De la misma forma que si tenemos hijos de una relación anterior, nuestra nueva pareja, en nuestra vida, está después que nuestros hijos, y podemos decirle con tranquilidad: “mis hijos y yo venimos juntos, en el mismo paquete”. Lo que es obvio y fácil de entender, a veces, resulta complicado en el día a día, en el que queremos ser los primeros, los más importantes, los imprescindibles: “Yo soy su mujer, ahora” “Es que yo… ahora, soy su marido”.

Y en los caminos del amor, que no son más que los caminos de la vida, donde todos buscamos senderos de felicidad, o hay humildad o el camino se vuelve pedregoso, cansado y lleno de obstáculos. ¿Será en verdad pedregoso o es que nosotros lo vemos abrupto y árido? ¿Atajos? Vamos a imaginar un par de situaciones, solo a imaginar:

Si tenemos una pareja que anteriormente tuvo otras mujeres u hombres, imaginad que frente a él o ella, decimos: “Yo soy tu segunda, tercera (o la que corresponda)… pareja”.

Parece fácil, pero en lo cotidiano, sin darnos cuenta, es difícil asumir que esto es así, porque nos gustaría a veces, ser la primera o el primero. Y la verdad es que, ahora, en este momento presente somos su pareja. Y otra verdad es que si las parejas anteriores no hubieran salido de su vida, ahora, nosotros no seríamos felices junto a él o ella. Ante esta realidad podemos preguntarnos si, en este momento presente, es mejor para nosotros ser los primeros o ser los últimos…

Pero sigamos reflexionando:

Si eres un hombre en esta situación, imagina, solo imagina, que miras a los hijos de tu pareja y les dices: “Yo soy la nueva pareja de tu madre, y sé que vuestro padre estuvo antes que yo en su vida, y por tanto también vosotros estáis antes. Lo respeto, respeto vuestro lugar y el de vuestro padre”.

Si eres una mujer en esta situación, imagina, solo imagina, que miras a los hijos de tu pareja y les dices: “Yo soy la nueva pareja de tu padre, y sé que vuestra madre estuvo antes que yo en su vida, y por tanto también vosotros estáis antes. Lo respeto, respeto vuestro lugar y el de vuestra madre”.

¿Cómo se sentirían tu pareja y sus hijos al oír esto? ¿Cómo te sentirías tú y tus hijos al oír lo mismo?… Solo imaginadlo.

La ropa vuelve al armario, la leche al frigorífico y el secador de pelo al cuarto de baño. Cada cosa en su lugar. Y, entonces, nos damos cuenta que respetar el lugar de cada miembro de la familia, dependiendo de su orden de llegada a la misma, es caminar por senderos de bienestar, abriendo las puertas a la felicidad.

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